Los propietarios de viviendas de alquiler advierten de que la limitación de la compra especulativa puede producir el efecto contrario
Esta noticia fue publicada originalmente en Crónica Global
Haz click para leer la noticia completaFondo Soberano: el primer paso para convertir la vivienda asequible en una política económica de Estado
En España, el debate sobre la vivienda ha estado durante demasiado tiempo atrapado entre el corto plazo y la fragmentación. Sin embargo, la magnitud del problema exige un cambio de enfoque: dejar de tratar la vivienda como una cuestión coyuntural y empezar a abordarla como un reto estructural con profundas implicaciones económicas, sociales y de competitividad.
En este contexto, el lanzamiento del pliego del fondo soberano «España Crece» representa una iniciativa relevante. No solo por el volumen de recursos movilizados, sino por lo que implica en términos de política económica: la entrada decidida del Estado como catalizador de la inversión privada a gran escala en vivienda en alquiler asequible.
El diseño del fondo apunta a movilizar millones de euros y a impulsar la construcción de hasta 15.000 viviendas anuales. Más allá de las cifras, lo verdaderamente significativo es el cambio de lógica: pasar de medidas regulatorias aisladas a instrumentos financieros capaces de incidir sobre la oferta.
Porque si algo ha demostrado la evolución reciente del mercado es que el principal desequilibrio no está en la demanda, sino en la escasez estructural de vivienda disponible.
Vivienda: un problema económico, no solo social
La falta de vivienda asequible ya no es únicamente un desafío social. Es también un factor que impacta directamente en la economía: limita la movilidad laboral, reduce la capacidad de atracción de talento, presiona los salarios y afecta a la competitividad de las ciudades.
España produce actualmente muchas menos viviendas de las que necesita, mientras que su parque de vivienda social sigue siendo significativamente inferior al de los principales países europeos. El resultado es un mercado tensionado, con precios al alza y una creciente dificultad de acceso, especialmente en los grandes núcleos urbanos.
Este diagnóstico es compartido a nivel europeo. El reciente informe aprobado por el Parlamento Europeo sitúa la vivienda como una prioridad estratégica, alertando de que la escasez de oferta y el incremento sostenido de precios están afectando ya a amplias capas de la población, incluida la clase media.
La respuesta europea es clara: aumentar la oferta mediante inversión, facilitar la colaboración público-privada y mejorar la eficiencia regulatoria. En definitiva, tratar la vivienda como una infraestructura económica básica.
El fondo España crece introduce un elemento que hasta ahora había sido insuficiente en España: la utilización de instrumentos financieros para hacer viable la promoción de vivienda asequible.
El principal reto del sector no es técnico, sino económico. En muchos casos, los costes de construcción, financiación y suelo no son compatibles con los niveles de renta del alquiler asequible. Esto genera un gap que el mercado, por sí solo, no puede cubrir. Aquí es donde el fondo puede jugar un papel decisivo. A través de préstamos a largo plazo, esquemas de coinversión o mecanismos de reducción de riesgo, es posible hacer viables proyectos que hoy no lo son.
Este tipo de instrumentos no son nuevos. Se utilizan desde hace años en otros países europeos para movilizar capital institucional hacia la vivienda asequible, un segmento que, bien estructurado, ofrece rentabilidades estables y predecibles a largo plazo.
La colaboración público-privada como condición necesaria
Uno de los aciertos del planteamiento es su vocación de colaboración público-privada. La dimensión del déficit de vivienda en España hace inviable una solución exclusivamente pública. Según el Banco de España, tenemos un déficit acumulado de 800.000 viviendas.
El capital privado —incluyendo inversores institucionales, entidades financieras y promotores— es imprescindible para escalar la producción de vivienda. Pero para que ese capital fluya, es necesario un entorno adecuado.
Esto implica, en primer lugar, estabilidad regulatoria. La inversión a largo plazo requiere marcos previsibles, donde los riesgos sean gestionables y las reglas del juego no cambien de forma abrupta.
En segundo lugar, seguridad jurídica. La protección equilibrada de propietarios e inquilinos es esencial para fomentar la oferta.
Y, en tercer lugar, rentabilidad ajustada al riesgo. La vivienda asequible no es un activo especulativo, pero debe ofrecer retornos razonables para atraer inversión sostenida.
Los cuellos de botella pendientes
El éxito del fondo del ICO no dependerá únicamente de su diseño financiero. Existen cuellos de botella estructurales que pueden limitar su impacto si no se abordan de forma paralela.
El primero es la burocracia. Los plazos de desarrollo urbanístico y concesión de licencias siguen siendo excesivos, lo que retrasa la puesta en marcha de proyectos y encarece los costes.
El segundo es la disponibilidad de suelo finalista. Sin una política activa de movilización de suelo, la capacidad de aumentar la oferta será limitada.
El tercero es la fragmentación competencial. La coordinación entre administraciones es imprescindible para evitar duplicidades, retrasos y falta de coherencia en las políticas.
Y el cuarto, no menos importante, es la continuidad. La vivienda requiere políticas sostenidas en el tiempo. Los instrumentos financieros deben tener vocación de permanencia para generar confianza en el mercado.
De la oportunidad a la ejecución
El fondo del ICO es, en definitiva, una buena noticia. Representa un cambio de enfoque necesario, pero su éxito no está garantizado. Dependerá de su ejecución, de su capacidad para atraer inversión y de las reformas que lo acompañen.
España necesita aumentar de forma significativa su parque de vivienda asequible. Y para ello, es imprescindible combinar inversión, seguridad jurídica y eficiencia administrativa.
Si conseguimos como país articular estos elementos, estaremos ante un instrumento transformador. Si no, corremos el riesgo de que se quede en una iniciativa ambiciosa, pero insuficiente.
Europa ya ha marcado el camino. Ahora nos toca a nosotros recorrerlo.
El ‘peligro’ de prolongar la moratoria de desahucios en plena crisis del alquiler
La moratoria que suspende los procedimientos de desahucio y lanzamientos para hogares vulnerables sin alternativa habitacional sigue en vigor en España hasta el 31 de diciembre de este año y desde Podemos han pedido al Gobierno prorrogar esta medida y hacerla permanente. Desde ASVAL (Asociación de Propietarios de Viviendas en Alquiler) advierte de que prolongar la moratoria una vez más supondría profundizar en la inseguridad jurídica, erosionar el derecho de propiedad y frenar aún más la oferta de viviendas en alquiler, en un momento en que el mercado ya presenta niveles mínimos de disponibilidad y tiempos de recuperación de inmuebles superiores a los 20 meses.
La asociación, que representa a más de 6.000 asociados, tanto institucionales como particulares, destaca que lo que nació como una medida excepcional durante la pandemia se ha mantenido en España de forma casi estructural, a diferencia de la mayoría de países europeos, que la retiraron gradualmente a medida que la situación sanitaria y económica se normalizaba.
Asval destaca que a finales de 2024 un 12% de los procedimientos judiciales en España se habían suspendido, una cifra muy alejada de los más de 58.000 lanzamientos evitados que estima el Observatorio Desca para el periodo 2020-2024.
El informe de ASVAL recuerda que la desaparición de la moratoria no supone una desprotección total para el inquilino, dado que la Ley por el Derecho a la Vivienda, en vigor desde 2023, ya contempla mecanismos de suspensión temporal del lanzamiento para personas en situación acreditada de vulnerabilidad y sin alternativa habitacional. Aun así, la organización insiste en que el principal problema no es normativo, sino de ejecución. «El 99% de las derivaciones a Servicios Sociales no recibe respuesta, ya sea por falta de emisión del informe o por ausencia de medidas disponibles para los afectados», apuntan. Este dato, según ASVAL, evidencia la incapacidad del sistema para «ofrecer soluciones reales y la sobrecarga que recae sobre los propietarios, a quienes se les traslada la responsabilidad de sostener situaciones de vulnerabilidad que deberían ser asumidas por la administración».
Okupación ilegal
Además de los casos de impago o vulnerabilidad sobrevenida, la moratoria también suspendía lanzamientos de ocupantes ilegales sin título habilitante, siempre que la entrada se hubiera producido antes de una fecha determinada. «En la práctica, este paraguas normativo amparó numerosas ocupaciones y dificultó la recuperación de inmuebles, generando situaciones especialmente graves para pequeños propietarios que no podían disponer de su vivienda durante años», explican.
ASVAL advierte de que mantener la suspensión alimenta un «efecto llamada», fomentando nuevas ocupaciones y penalizando a quienes ejercen su derecho legítimo a recuperar su propiedad.
En un momento de fuerte desequilibrio entre oferta y demanda, con precios tensionados y mínimos históricos de vivienda disponible, ASVAL asegura que reinstaurar la moratoria agravaría los problemas estructurales del alquiler.
«La inseguridad jurídica desincentiva a los propietarios a poner sus viviendas en el mercado, reduciendo aún más la oferta y generando presiones adicionales sobre los precios», apunta. Buena parte de los caseros, especialmente los pequeños, ya están optando por recuperar sus viviendas mediante compensaciones económicas, un mecanismo que, según ASVAL, no es sostenible en el tiempo y que refleja la falta de confianza en un sistema judicial que no garantiza plazos razonables.
El informe cita estudios del Banco de España que vinculan de manera directa la baja seguridad jurídica con mercados de alquiler poco desarrollados. La evidencia internacional demuestra que «la efectividad de las regulaciones depende de la existencia de procedimientos legales ágiles» y que la falta de mecanismos eficientes para asegurar la recuperación del inmueble ante impagos desalienta la participación de propietarios.
¿Qué propone ASVAL?
Desde la asociación ofrecen un paquete de medidas que permitiría abordar la vulnerabilidad habitacional sin paralizar el funcionamiento del mercado. Así, creen necesario que haya un diagnóstico nacional completo de las situaciones de vulnerabilidad, con un censo actualizado que permita distinguir casos estructurales de situaciones sobrevenidas.
Por otro lado, proponen programas de regularización que combinen ayudas al alquiler, acompañamiento sociolaboral y, cuando proceda, adquisición o cesión de uso de la vivienda por parte de la Administración. Asimismo, ven necesario implantar protocolos homogéneos de actuación de Servicios Sociales, con métricas objetivas y KPIs que evalúen tiempos de respuesta y efectividad de las soluciones.
También creen interesante una revisión de los recursos materiales y humanos destinados a estos servicios para identificar carencias y necesidades presupuestarias.
La organización concluye que mantener la moratoria supondría «perpetuar un sistema ineficaz» y trasladar al propietario una obligación (garantizar el acceso a la vivienda) que corresponde constitucionalmente a los poderes públicos. Con más de 58.000 casos de vulnerabilidad identificados por el Observatorio Desca y la práctica totalidad de Servicios Sociales desbordados, ASVAL considera imprescindible un enfoque estructural basado en datos, recursos y mecanismos de evaluación. Solo así, advierte, podrá restablecerse el equilibrio entre derechos y deberes en el mercado del alquiler y evitar que más propietarios retiren sus viviendas del mercado, agravando aún más la crisis de oferta que atraviesa España.
La Comisión Europea elige a Asval para impulsar la rehabilitación de pisos en alquiler
La Comisión Europea ha elegido a Asval (Asociación de Propietarios de Vivienda en Alquiler) para impulsar un proyecto pionero que incentive la rehabilitación energética de viviendas en alquiler. Se trata del proyecto LIFE INSPIRE-US, una iniciativa apoyada por la UE que busca promover la rehabilitación energética como palanca para generar viviendas más asequibles, sostenibles y seguras.
El programa, que se desarrollará hasta 2028 en el marco de LIFE-Clean Energy Transition, se llevará a cabo en alianza con Testa Home, EuroPace, Almond Real Estate, la Unión Internacional de Propiedad Privada (UIPI), la consultora URBHE y la Universidad de Alicante, y aspira a convertirse en referencia a nivel europeo.
«Queremos desbloquear el enorme potencial de rehabilitación del parque de vivienda en alquiler en España. El objetivo es poner a disposición de propietarios e inquilinos un servicio innovador, ágil y accesible que facilite el acceso a financiación, asesoramiento técnico y acompañamiento integral durante todo el proceso«, explica Helena Beunza, presidenta de ASVAL, a elEconomista.es.
El proyecto, que aspira alcanzar un volumen de 1.000 viviendas rehabilitadas, trabajará para eliminar uno de los principales retos de este sector, el denominado split incentive dilemma. «El principal problema es animar al propietario a realizar una inversión en una vivienda en la que va a ser otra persona- el inquilino- la que va a recoger los beneficios de esa actuación registrando ahorro en sus facturas», explica Beunza, que destaca que por este motivo «las viviendas en alquiler presentan de media peores calificaciones energéticas que el parque general». «También tenemos que lograr que el capital invertido en estas reformas no termine transformándose en incrementos de rentas», apunta.
LIFE I INSPIRE-US se centra precisamente en superar esas barreras mediante modelos innovadores de financiación, simplificación de trámites y un sistema de ventanilla única que proporcionará servicios financieros, técnicos, jurídicos y de sensibilización tanto a propietarios como a inquilinos. Además, con este proyecto «buscamos que el propietario sea un catalizador de la rehabilitación en el siguiente nivel, que no se quede solo en su vivienda, y pueda llevar a la reforma del resto del edificio, por ejemplo», detalla la presidenta de Asval.
Para validar este modelo, el consorcio pondrá en marcha tres proyectos piloto en Madrid, que abarcarán diferentes tipologías. Por un lado, un edificio multifamiliar propiedad de un inversor institucional que cuenta con 130 viviendas y 580 habitante y por otro, cinco viviendas unifamiliares dispersas de gestores institucionales, además de cinco viviendas de pequeños propietarios particulares. El objetivo es mejorar la calificación energética de los inmuebles, testando además fórmulas de financiación replicables a nivel nacional.
El proyecto contará con un Consejo Asesor de expertos, entre ellos Julio César Tejedor Bielsa (catedrático de Derecho Administrativo), Bruno Sauer (CEO del Green Building Council España), Inés Leal (especialista en sostenibilidad), José Antonio Granero (arquitecto), Juan Palacios (profesor en la Universidad de Maastricht) y Luiskar Delgado (presidente de AVS Euskadi).
La rehabilitación energética se perfila como una de las grandes asignaturas pendientes del mercado residencial en España. Según Beunza, el impulso a este tipo de actuaciones es clave no solo para reducir emisiones y cumplir con los compromisos climáticos europeos, sino también para aumentar la oferta de alquiler asequible y profesionalizar el sector.
«El propietario de vivienda en alquiler no es parte del problema, sino de la solución. Con LIFE INSPIRE-US queremos demostrar que la rehabilitación energética puede ser una oportunidad para todos: propietarios, inquilinos y administraciones públicas», destaca Beunza.
El proyecto se convierte así en un laboratorio europeo que busca situar a España a la vanguardia en rehabilitación energética aplicada al mercado del alquiler, con un modelo escalable y con potencial de extenderse a otros países.
Bondades de la ley de vivienda: una lectura más allá de los controles de renta
Más de un año después de su aprobación, la Ley por el Derecho a la Vivienda (LDV) sigue despertando críticas encarnizadas. Entre todas ellas, destaca la que señala precisamente a esta ley como la culpable del insoportable aumento de las rentas de alquiler. Polémicas aparte, lo cierto es que estas son las cartas con las que nos ha nos tocado jugar. Y, como optimista empedernida, no me resisto a dar por perdida la partida.
Uno de los diamantes (en bruto) de la LDV es el concepto de «vivienda asequible incentivada», figura ampliamente reivindicada por el sector privado pero que, hoy en día, sigue siendo poco conocida y prácticamente sin uso. Regulada en los artículos 3 g) y 17, esta figura parte de una óptica incentivadora. Esto es ya por sí una buena noticia, que contrasta con el enfoque penalizador y casi inquisitorio de otras medidas de la ley, como el control de rentas.
A diferencia de normas restrictivas y limitadoras de derechos, el alquiler asequible incentivado parte de la voluntariedad. Si el propietario privado decide destinar sus viviendas al alquiler asequible tendrá acceso a beneficios fiscales, urbanísticos o de otra índole. Simple. Pero, ¿qué es el alquiler asequible incentivado? Para contestar a esta pregunta, tenemos que acudir a las definiciones del artículo tres de la ley de vivienda.
Tal y como ha ratificado el Tribunal Constitucional en una reciente sentencia, estas definiciones reemplazan a todos aquellos conceptos que tanto los planes estatales de vivienda como las distintas comunidades autónomas habían venido utilizando hasta la fecha. Entre estas definiciones se encuentran la vivienda social la vivienda protegida de precio limitado, y la vivienda asequible incentivada. Los elementos definitorios de esta última son los siguientes: a diferencia de la vivienda social y la vivienda protegida de precio limitado, la titularidad de la vivienda asequible incentivada es exclusivamente privada y solo puede explotarse en régimen de alquiler o de cesión de uso.
Además, está sujeta a precios máximos de arrendamiento y a plazos de duración determinada y debe destinarse a la residencia habitual de la persona arrendataria. El acceso a las mismas deber estar reservada a personas que tengan dificultades para acceder a una vivienda a precios de mercado. No es necesario, por tanto, someterlas a un procedimiento de calificación característico de las viviendas protegidas, ganando con ello en agilidad. Se contempla esta modalidad de vivienda tanto para nueva promoción, como para viviendas ya existentes, lo cual es positivo para estimular la reincorporación de vivienda vacía o en desuso.
Aunque la ley de vivienda ha marcado pautas generales, las comunidades autónomas y los entes locales son los que tienen la principal responsabilidad de concretar el concepto de alquiler asequible incentivado y establecer los beneficios que consideren oportuno. Hasta ahora, la respuesta autonómica ha sido desigual. Por ejemplo, Andalucía menciona incentivos económicos en su anteproyecto de ley de vivienda, pero carece, de momento, de concreción sobre cómo funcionarían estos beneficios.
Cataluña, por su parte, incluye referencias al alquiler asequible en su legislación, pero sin un desarrollo normativo detallado del que se deduzcan incentivos ligados a esta figura. Más acertadas ha estado la Comunidad de Madrid, quien, a través de su ley autonómica permite flexibilizar el uso de suelos y edificios de uso terciario cuyos propietarios decidan, voluntariamente, destinarlos al alquiler asequible. Una medida que va sin duda en el buen camino, pero que habría tenido mucho más recorrido si se hubiese acompañado, por ejemplo, de beneficios concretos en materia de urbanismo como los reclamados aumentos de edificabilidad monetizables.
Además de las iniciativas de las comunidades autónomas, sería muy deseable que los incentivos regionales se complementasen con medidas estatales, habida cuenta que es precisamente el IVA –impuesto estatal y no autonómico– el principal impuesto que grava la actividad inmobiliaria. Del mismo modo, propuestas como la rechazada en el pleno del Congreso– que pretendía revisar el régimen de las SOCIMI para introducir, precisamente, el concepto de alquiler asequible incentivado– deben seguir estudiándose. En definitiva, falta aún mucha concienciación de las posibilidades que esta figura ofrece, siendo deseable que su estudio se realice de manera transversal, de modo que, aún respetando las singularidades y competencias autonómicas, permitan abordar de la manera más homogénea posible su necesario desarrollo.
Para ello, es imprescindible remitirnos a la experiencia internacional, especialmente en el marco europeo, donde el concepto de alquiler asequible está bien asentado. Y es destacable que, en dicha experiencia internacional, la tendencia generalizada no hace una equiparación estricta entre vivienda asequible y vivienda social, sino que incluye, también dentro del concepto de affordable housing, a la iniciativa privada.
Tranquiliza que el ICO haya optado por este enfoque en su reciente iniciativa «Fondos Sociales InvestEU». Bajo esta nueva línea, el ICO participará en el capital de vehículos de inversión dedicados al alquiler residencial. Entre los proyectos «elegibles», se han incluido, junto con la vivienda protegida, la vivienda en alquiler asequible incentivado. Es el turno ahora de las comunidades autónomas, que tienen la llave, a través del desarrollo normativo, para que proyectos de iniciativa privada puedan beneficiarse de los fondos europeos que el ICO está canalizando. Como he indicado, la figura del alquiler asequible incentivado busca movilizar al sector privado mediante beneficios como la flexibilización de normas urbanísticas o exenciones fiscales.
Esto permite a promotores y propietarios obtener una rentabilidad razonable pese a ofrecer alquileres por debajo del precio de mercado. Esta participación del sector privado es fundamental en un entorno en el que el déficit de vivienda es tan brutal que haría materialmente imposible confiar en soluciones que recayesen, exclusivamente, en el sector público. Por tanto, es clave que, a la hora de planificar sus políticas públicas, las administraciones eviten el reduccionismo y no limiten los incentivos a la vivienda social y protegida. Existe esta tercera figura, el alquiler asequible incentivado, que igualmente debe recibir medidas de estímulo y que, sin duda, representa una oportunidad para aliviar la crisis habitacional en nuestro país.
El golpe fiscal a las socimis reducirá la oferta inmobiliaria y elevará los precios
Nuevo golpe al sector inmobiliario que pone en riesgo el papel de las socimi (sociedades anónimas cotizadas de inversión inmobiliaria). Las negociaciones entre el PSOE y sus socios para cambiar el régimen fiscal de estas sociedades han hecho saltar las alarmas en el sector y advierten que de llevarse a cabo esta modificación, «no solo se dañaría la imagen de España» perjudicando a las grandes firmas del mercado, también afectaría al ciudadano de a pie, ya que «se reducirá todavía más la oferta de vivienda de obra nueva que crean los grandes inversores y por ende subirán los precios».
Las cotizaciones de las dos mayores socimis españolas, Merlin y Colonial, que han abierto la sesión con caídas del 7 y el 5%, respectivamente, son un reflejo del impacto que este tipo de medidas puede tener en un sector que ha sido la puerta de entrada hasta la fecha a miles de millones de euros de capital institucional.
«Este cambio puede suponer un antes y un después en España para un modelo que funciona a la perfección en países de todo el mundo y que con la nueva medida se verá muy dañado», explican a elEconomista.es actores directamente afectados, que recuerdan que también se cambiaron las normas para las sicavs en 2021 y desde entonces han desaparecido más de la mitad de ellas.
«Desde 2013, las socimis han jugado un papel muy relevante en el desarrollo del mercado del alquiler. A fecha actual, existen una veintena dedicadas principalmente al alquiler de viviendas, con una capitalización bursátil cercana a los 3.000 millones de euros«, explica Laura Fernández, directora general de Asval, la asociación de propietarios de vivienda en alquiler.
La directiva apunta que además «en los últimos años, están surgiendo socimis especialmente enfocadas al alquiler social y asequible, con ejemplos paradigmáticos de impacto social que buscan mejorar las condiciones de accesibilidad de inquilinos vulnerables» y recuerda que «tanto la presidenta Ursula Von der Leyen como el Banco de España han enfatizado la importancia de contar con el sector privado para poder cumplir el objetivo de aumentar la oferta de viviendas en alquiler, y las socimis han demostrado ser un vehículo idóneo para canalizar esa inversión».
«Por tanto, creemos que cualquier medida que modifique el sistema debe ir enfocada, exclusivamente, a incentivar estos proyectos de alquiler asequible, pero nunca a empeorar un régimen fiscal seguro y estable que ha servido para atraer al capital institucional al sector del alquiler», destaca la directora general de Asval.
«Medida dramática para España»
«La imagen que estamos dando ante el mercado de inversión institucional modificando una normativa que se introdujo hace más de diez años es lamentable y va a tener un impacto con respecto a la reputación de España y la seguridad jurídica tremenda», advierte Antonio de la Fuente, Managing Director de Corporate Finance en Colliers.
«No tenemos que olvidar que la inversión inmobiliaria es un tablero de juego mundial, con competencia global y para atraer capital que permite generar negocio y empleo hace falta fijar unas condiciones favorables y por lo menos estables», destaca el directivo, que asegura que «hay empresas inmobiliarias con accionistas de todo el mundo, que si esto se aprueba van a tener que comunicar a las decenas de inversores el cambio de la tributación y esto va a suponer un drama para España».
Las sociedades anónimas cotizadas de inversión en el mercado inmobiliario, conocidas como socimis en España y como REITS en la mayor parte del mundo, son una figura creada en nuestro país en 2009 para atraer capital internacional al sector inmobiliario, profesionalizando así el mercado.
Estas compañías se dedican a adquirir inmuebles de todo tipo, no solo residenciales, también de oficinas, hoteles, naves logísticas o centros comerciales, entre otros, y ponerlos en rentabilidad.
Las socimis únicamente tributan al 1% en el Impuesto de Sociedades, si bien, esta ventaja fiscal se les ofrece a cambio de que distribuyan al menos el 80% del beneficio en dividendo para sus accionistas, que serán quienes tributen ese dinero.
De la Fuente recuerda que «los fondos de inversión tampoco tributan, tributan las personas por los beneficios que tengan y es la idea de estas sociedades». Si se aprueba la medida propuesta, las socimis perderían la exención fiscal y pasarían a tributar por el impuesto de sociedades al 25%, «lo que reduciría en esa misma proporción su generación de caja y capacidad de pago de dividendos», según Bankinter.







